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Vicente

Hoy se cumplen 57 años del nacimiento de Vicente Luy, poeta cordobés, uno de los desconocidos, de los invisibles -hasta ahora- para el gran público. Tan invisible que ni siquiera tiene su apartado en wikipedia. Pero Vicente es un visible reconocido para la generación de artistas y músicos que hoy andan por debajo de la vorágine masiva y comercial. Esos mismos que en pocos días se reunirán para recordarlo.

Muy lejos de las miradas románticas que equiparan el sufrimiento y el genio creativo, también se lo recuerda por el profundo padecimiento que lo llevó hasta el suicidio. Sufrió durante muchos años de un trastorno bipolar severo, por el que incluso estuvo internado en el Hospital Borda.

Dueño de una sagacidad y ocurrencia infinita que condensaba en poquísimos versos, nos demostró que se puede ir hasta el fondo sin palabras de adorno, sin eufemismos ni términos rebuscados.

Nació en Córdoba un 3 de mayo. Nieto de poetas españoles, quedó huérfano a los 6 meses de edad luego del accidente aéreo que sufrieron sus padres. Se lo puede leer en Caricatura de un enfermo de amor (1991), La Vida en Córdoba (1999), Aviones (2002), No le pidan peras a Cuper (2003), La sexualidad de Gabriela Sabatini (2006), Vicente habla al pueblo (2007), ¡Qué campo ni campo! (2008). O en alguno de los dos libros editados de manera póstuma Plan de operaciones La única manera de vivir a gusto es estando poseído (2012).

Sus poemas, tan directos como conflictivos, son leídos en muchos de los encuentros literarios que abundan de un tiempo a esta parte. Su vida estuvo plagada de historias hermosas como la que cuenta el poema Intervine un recital de Aristimuño y que aquí lee quien fuera uno de sus amigos, el escritor Osvaldo Vigna, con quien compartió el grupo Verbonautas.

También se puede escuchar a Vicente, sus palabras en la voz de muchos. Su poesía leída genera esa incómoda mezcla entre gracia e indignación, entre sorpresa y resignación. El proyecto Libro Completo registró la lectura colectiva del libro “La vida en Córdoba”. También se lo encuentra allí, en esas reuniones, cada vez que su poesía circula entre amigos.
Siempre es bello recordar la vida y no la muerte, porque es mucho más reconfortante mantener en la memoria como comienzan las cosas. Donde y como se generó ese primer suspiro que luego fue ardiendo rápidamente entre versos, amigos, risas, sufrimiento, libros y amor.

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