Sin comentarios

Tres desde Lisboa 

Durante junio la parte popular de la zona histórica de Lisboa realiza sus fiestas en las calles cada fin de semana.

Inundadas de turistas los vecinos arman puestos y escenarios en las calles donde se comen anchoas a la parrilla y se toma mucha, pero mucha cerveza.

Los visitantes del resto de Europa y otras partes del mundo poco afectos al disfrute pleno en las calles, se incorporan instantáneamente al intercambio mediante el idioma universal de la música y el baile.

Canciones tradicionales del fado portugués, acomodadas a un ritmo sostenido y dulcemente bailable, se van intercalando con versiones locales de Despacito de Luis Fonsi, Súbeme la radio de Enrique Iglesias y de clásicos como Levantando las manos del trío bonaerense El Símbolo de 1997.

Una de las canciones que repiten cada noche los músicos que se encargan de animar la velada es Baile de Verão (Baile de verano) de José Malhoa.

Con más de 30 años de carrera musical Malhoa es una máquina de hacer éxitos veraniegos bailables, empezando por Cara de Cigana (Cara de gitana) de 1979 y terminando en el último de ellos, Bateu saudade de 2014.

Por momentos Lisboa podría ser un espejo de Buenos Aires, ciudad portuaria, mestiza, dividida en infinitas partes y moldeada sobre la histórica desigualdad entre norte y sur. Marcada por la variedad de influencias, desde lo arquitectónico a lo urbanístico. Desde su turismo hasta la profunda variedad de las personas que la habitan.

Martín Moniz fue un personaje clave, según cuenta la leyenda, para lograr la recuperación del castillo San Jorge por parte de los cristianos en el asedio de Lisboa entre julio y octubre de 1147, que se encontraba en poder de los musulmanes. Con su cuerpo y su vida impidió que la puerta del castillo se cerrara y así los cruzados pudieron ingresar y recuperarlo.

También es el nombre de una de las estaciones de la red de subte de Lisboa. Se encuentra al pie del barrio que rodea al castillo San Jorge y sobre ella, en una pequeña plaza durante las noches funciona una especie de feria de food truck, esos modernos carritos de comidas, bebidas y helados.

Un DJ pasa música y va mutando del reggae, al reggaeton, llegando a un ambiente electrónico pop que de a ratos pasa por el rap. Algunos turistas arman grupos pequeños para bailar, unos pocos lo hacen disimuladamente, otros se sueltan un poco más.

El baile y la música funcionan nuevamente como punto de encuentro y producen un diálogo permanente entre los cuerpos sin necesidad de la palabra. Pasada la medianoche, mientras nos vamos suena este tema de Kemba, un joven rapero nacido en 1990 en el Bronx y que el propio Kendric Lamar señaló como uno de los raperos más importantes del under neoyorquino.

Sábado, última noche en Lisboa. Buscamos en Google un lugar cercano para cenar. A pocos metros de donde nos alojamos aparece el Restaurante MILI. Tiene muchas y muy buenas reseñas. Vamos.

Nos desorientamos, subimos unas escaleras entre algunos edificios, seguimos subiendo por esas calles angostas y sinuosas que tanto caracterizan esta zona de Lisboa. Llegamos y quien nos recibe lo hace con una contundente bienvenida : “we are only two working, if you want stay, you wait” En un perfecto inglés nos dice vehementemente que son solo dos personas trabajando y que si queremos quedarnos tenemos que ser pacientes. Nos quedamos.

Milton es un inmigrante oriundo de Bangladesh que, junto a su compañera, cocinan los mejores platos que comimos durante estos días en Lisboa. En su local hay solo cinco o seis mesas y tiene el tamaño que puede tener un kiosco o comercio pequeño.

A Milton le gusta conversar. La clave de su restaurante está, mitad en su cocina y mitad en su charla.

La primera pregunta siempre es: “¿Where are you from?” Al decirle que somos argentinos y españoles nos habla de Messi, de Maradona y de lo importante que es el fútbol en su país. Nos cuenta que es habitual que los edificios o las casas cuelguen banderas de distintos lugares del mundo para identificar de que país son hinchas en esos hogares.

A pesar de cocinar excelente, los precios son excesivamente bajos y no tiene la refrigeración suficiente para la bebida ni hielo que ayude a paliar los 30 grados que hace afuera. Le preguntamos por que si cocina tan bien no tiene un local más grande y más personas trabajando con él. Su respuesta es tan contundente como su bienvenida: ellos están bien así, no necesitan más. Ni más lugar, ni más empleados, ni más mesas, todo eso solo le traería más problemas.

Está convencido de hacer las cosas a su manera con lo necesario.

Mientras conversa con los tres australianos que cenan en la mesa de al lado, en la gran pantalla que cuelga de la pared está puesto MTV. Mientras su compañera saca la basura y se prepara para irse, los invita una nueva ronda de cervezas para seguir conversando con ellos.

Por un momento se distrae y se queda mirando unos segundos la TV. Bailarinas indias danzan al ritmo de sonidos que provienen de muy lejos. Están pasando el video de Major Lazer y DJ Snake al que MØ, esa joven danesa, nueva figura del pop, le pone la voz. La canción se llama Lean On y el video es uno de los quince más vistos en youtube con más de 2 mil milllones de reproducciones.

 

Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *