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Simple

Mientras Jaime nos regala, después de algún tiempo, un recital por aquí y al aire libre, un señor mayor delante mío, aprovechando un instante de silencio, le susurra a su nieto:

“…él es el poeta de las canciones simples”.

Se ven en sus ojos la profundidad de sus palabras y las lágrimas que se deslizan lento.

En esta ocasión, como en muchas otras, la complejidad no es necesaria. La belleza suele esconderse detrás de las cosas simples, esas cosas que suelen pasar desapercibidas, hasta que un cantor las cuenta para nosotros con un susurro al oído.

El niño mira a su abuelo por unos segundos. El abuelo lleva la mirada por encima del escenario. Aparecen algunas nubes, una luna tenue y otro niño que juega con una pelota en un balcón enrejado.

“…todo era diáfano, fácil, seguro”.

Se escuchan los últimos acordes de “Golondrinas” y casi todas las personas presentes quedamos casi congeladas a pesar del calor agobiante.

El niño se anima y toca con sus pequeños dedos las lágrimas, como si fueran algo nuevo y desconocido. El abuelo le sonríe, lo abraza y lo sube sobre sus hombros.

Lo simple. El encuentro, el bar, el patio sombreado, las golondrinas de yeso y otros primores. Dos personas y una canción. Todo lo demás se vuelve invisible. Nada más es necesario para las historias.

Jaime dice, “Otra vez…” mientras puntea la intro de Good-Bye (El Tazón de Té).

Los tengo a ambos de espaldas. El abuelo agarra firme las piernas de su nieto, como si fueran las manos de él y ella en esa mesa del bar. Con la firmeza de esa mirada imposible que se esconde detrás de aquel tazón de té.

“…amo esperar la primera señal, dijo”.

Me gusta pensar que este día quedó sellada en ese niño la relación entre música, simpleza y emoción. Que las historias simples de Jaime Roos llevaron a su abuelo a lugares de la memoria donde no siempre vamos de visita. Que algún día ese pequeño ser crecerá, escuchará esa canción y sentirá en la yema de sus dedos -ya no tan pequeños- la humedad de la emoción de su abuelo.

Y algún día compartirá sus lágrimas con un pequeño ser y con los curiosos de lo simple que estén por allí para contarlo; y así la música seguirá siendo el puente entre las cosas simples y los momentos hermosos de la vida.

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