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Continuidad

Ya no leo como antes. Ni en extensión ni en profundidad. Me dejo interrumpir demasiado por las pantallas y las notificaciones que desarman el clima. No recuerdo cuando fue la última vez que estuve tres horas leyendo sin parar.

Hoy, por primera vez en más de siete años de vida, Amanda mantuvo su atención en un mismo objeto durante más de tres horas sin interrupciones.

Ese objeto es un libro.

Eso no la convierte en un ser especial, ni a ella ni a ninguno de los y las que la rodeamos. Es, tan solo, el resultado de un largo proceso.

Desde siempre supimos que las pantallas no son recomendables para las niñas pequeñas (para los niños tampoco). Jamás le dimos un teléfono o tablet para entretenerla mientras hacíamos otra cosa. Los dispositivos electrónicos son para ella un elemento más dentro de su universo lúdico.

Cada noche, desde que nació, se duerme luego de escuchar cuatro o cinco cuentos. Y lo mismo en sus siestas. Casi nunca nos negamos a interrumpir lo que estamos haciendo para aceptar su pedido de lectura de un cuento.

Hoy, por primera vez en su vida, se sentó en la mesa de la cocina a leer uno de sus libros de historietas. Me avisó que iba a leerlo todo. Allí estuvo, sentada, con la vista clavada en esas páginas, inmersa en vaya uno a saber que mundos.

Nada la había interrumpido, ni yo, ni ninguna notificación. Hasta que levantó su mirada.

El 9 de diciembre de 1964 John Coltrane grabó junto a su cuarteto lo que muchos consideran su obra maestra: “A Love Supreme” (Un amor supremo). Casi la totalidad de la obra de Coltrane está directamente relacionada con el momento histórico y político de plena efervescencia sobre los reclamos por los derechos civiles de la comunidad afroamericana en USA.

Pero en este caso “A love supreme” es un disco espiritual, el resultado de la búsqueda de Coltrane hacia la trascendencia. Algunos dicen, la búsqueda de un camino que lo acerque a Dios. Para mi, su búsqueda de mostrar su virtuosismo a través de la continuidad infinita.

Amanda levanta la mirada y pregunta “¿Ese señor va a hacer ese ruido para siempre…?”

Miro y van casi siete minutos del tercer movimiento de la suite, se llama Pursuance, en criollo, prosecusión, la continuidad de algo que ha empezado.

La única continuidad que nos gobierna últimamente es la de darle para arriba sin parar a las novedades de las redes sociales, intentando encontrar algo, sin saber muy bien que. Una continuidad de miles de fragmentos incongruentes.

Continuidad que se opone a la posibilidad de dedicar el tiempo que sea necesario a contemplar e indagar un libro, un disco, una charla o simplemente lo que la ventana nos muestre.

Continuidad que se opone a la posibilidad de tomar un objeto y dejarnos llevar a vaya uno a saber hasta que mundos.

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