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Avenido

Ayer Amanda me sorprende en el desayuno con una pequeña revelación. Me dice que a veces ella piensa que todo esto es un sueño. Que ella sueña que desayuna, que sueña que yo desayuno con ella. Que yo sueño con ella y conmigo en esa mesa con mate y te de manzanilla. Me dice que a veces cree que es un sueño lo que dice la radio.

Ya sabemos que dice la radio por estos días. Depende de que radio, claro. Una dice una cosa, la otra dice lo contrario, algunas no dicen nada. Como si viviéramos en mundos paralelos que de repente se chocan y todas las personas nos hacemos las sorprendidas.

A ambos lados de las paralelas nos convencemos de nuestro propio sueño y lo converitmos en realidad.

¿Qué pasa cuando te despertás del sueño y ves que a dos meses de “ganar las elecciones con el 50% de los votos” de repente la calle es un caos? ¿Qué pasa cuando te despertás del sueño luego de diez años “de conquistas irreversibles” y te las están desmantelando con demasiada facilidad?

El sueño como evasión de la realidad, el sueño como refugio o el sueño como posibilidad remota. Parece que nunca antes estuvo tan claro que cada uno de nosotros prefiere ver solo lo que lo conforma, lo que lo confirma y nada más.

¿Será una nueva forma de soñar?

La realidad soñada parece un pedazo de plastilina moldeable a la necesidad de cada quien, como esas palabras que depende de como como se las use cambian diametralmente su significado.

Avenido es una de ellas, bien avenido el tiempo del cambio, mal avenido el tiempo del cambio. Hoy prescindimos de la realidad y nos quedamos solo con nuestras interpretaciones.

Sigo pensando en la pequeña revelación. Ya no en sí vivimos o no en un sueño, sino en el tipo de sueño en el que vivimos, y en lo más importante; como vamos a hacer para despertar juntos.

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