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Escuchá

¿Cuál será esa extraña razón fundamental que nos hace compartir la música que escuchamos?

Desde este espacio hasta el más recóndito programa de radio sobre música, pasando por la musicología y la charla más insignificante donde se recomienda una canción, todos partimos de la misma misteriosa razón.

Incluso si evadimos responder esa cuestión inicial, resulta aún más misterioso preguntarnos ¿qué hace falta para que la otra persona esté dispuesta a recibir lo que compartimos?

Florian se despierta con los auriculares puestos, como muchos de nosotros. Sonríe y sale. Invita a su vecino a escuchar lo que él escucha. Su vecino está ocupado. Él insiste.

Todos queremos que escuches lo que estamos escuchando. Por motivos distintos, las radios por dinero, algunos músicos para alimentar su ego, y otros por dinero. Algunos periodistas, por el arte de comunicar, y otros por dinero.

Pero hay algo que nos iguala a casi todos y motiva a la inmensa mayoría: la vital necesidad de compartir. Pero no de compartir esa canción o ese músico, sino de intentar compartir la emoción que esa obra genera en nosotros.

Florian insiste, él no quiere que escuches la canción que está escuchando en sus auriculares.

Florian quiere que al escucharla, sonrías como él. Y va a insistir hasta lograrlo. Como cada uno de nosotros.

Florian es el protagonista de la trilogía de videos que realizó el músico y productor Paul Kalkbrenner para tres de las canciones de 7, su último disco editado durante el año 2015.

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Cómo

El siete de septiembre fuimos de viaje. Cada tanto lo hacemos, es una linda experiencia. Llegar a un espacio nuevo, un espacio inicialmente amplio, ruidoso, lleno de gente y de máquinas que vienen y van. Un espacio denso, con un clima brumoso, calles y avenidas húmedas y patinosas. Con grandes edificios, algunos antiguos y otros muy modernos, con paisajes arquitectónicos admirables y con paisajes sonoros que con algo de creatividad acompañan la pintura completa pero que oídos desde lejos son solo ruido.

¿Cómo disfrutar de esos espacios de manera habitual?

Llegamos a uno de esos edificios que parece haberse atascado en una especie de limbo espacio temporal. Estructuras que contienen en su esencia miles de historias amontonadas tras años y años de ver personas pasar por allí incesantemente. Edificios que cumplen diferentes funciones a lo largo del tiempo, incluso teniendo en cuenta que el abandono también es una forma de usarlos.

¿Cómo incluir esas historias al recorrer esos espacios?

Recorrimos esos grandes y amplios pasillos. Nos asombramos por la perfección en cada elemento. Nos sorprendimos de que todo esté bien hecho. Contemplamos la luz que ingresa por los vidrios de techos y ventanas y la inmensidad de cada estructura.

Ingresamos a esa sala casi compuesta íntegramente por madera. Piso, escenario, butacas, techo y paredes de madera. Aunque estamos habituados a ver música, pocas veces tan cerca. Nos sentamos casi como si estuviésemos perdidos. Nuestra única referencia era el escenario y allí solo había un piano, una bandeja de vinilos, una guitarra, una pequeña batería y un micrófono.

¿Cómo desaparecer completamente?

Y como esas mamushkas de madera hermosamente pintadas, fuimos renovando nuestro viaje, canción tras canción. Una viaje dentro de otro. Hasta llegar a que quede planteada la pregunta central y su propia respuesta. Todo en uno. Hasta llegar a concentrar todo lo posible en la menor cantidad de espacio posible. Se redujo todo lo inmenso a tan solo un punto sonoro.

Cómo desaparecer completamente.

Ese es el nombre del último disco de Marco Sanguinetti. Un “tributo”, no a la obra de Radiohead como bien dice el prólogo del disco, sino al concepto Radiohead. Disco que fue presentado en el centro de ese viaje, este siete de septiembre en la sala Argentina del Centro Cultural Kirchner.

Entre temas Marco nos charlaba. Como bien reconoció él mismo, le gusta hablar además de compartir su música. Nos dijo que era importante no solo disfrutar con la música, sino que esta también nos ayude a pensar. A profundizar en nuestros pensamientos y en el papel de la música en esa reflexión. Y al mismo tiempo en la función central de la música en nuestra cultura y sobre todo en nuestra identidad.

Terminamos agotados. El viaje nos agotó. Los viajes nos agotaron. Como lo hace cada experiencia que disfrutamos con cada célula de nuestro ser.

Un pequeño adelanto de ese hermoso disco doble pueden escuchar en el bandcamp del músico, también allí pueden comprar la versión digital en la más alta calidad. También pueden conseguirlo en formato físico en su sitio oficial o en breve a través del Club del Disco

Si no, play a continuación…

Y a quién le guste el experimento, aquí una lista
con las canciones originales en el orden en que aparecen en el disco.

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Parte

La más hermosa de todas las experiencias vinculadas a la música actual es ir a ver músicos en vivo. Podemos tener miles de discos o podemos disfrutar de miles de horas de reproducción online. Podemos ver recitales con la mejor calidad de audio y video posible pero nunca nada de eso será ni siquiera cercano a vivir la música en el espacio y tiempo en que está ocurriendo.

Puede ser en el bar de la esquina de tu casa o en el festival más grande del país. No importa. Hay que ir a ver música en vivo. Así de imperativo.

En pocos días dos de los músicos que más admiro van a presentar un nuevo disco: son Florencia Ruiz y el Mono Fontana.

A Florencia la comencé leyendo en su blog, luego seguí escuchando sus canciones. Es a mi humilde criterio, la artista musical más genuina y transparente que he escuchado. Tiene varios discos como solista, tiene una banda japonesa que la acompaña en sus mini giras anuales por Japón, tiene además un disco a dúo con Ariel Sanzo de Pez. Y lo último que grabó es un disco en la casa de sus suegros, se llama “7 cartas invisibles” y cada “copia” posee su respectivo sobre de tela cosido a mano. Toda su obra es absolutamente artesanal. Cada pieza es única e irrepetible.

El Mono Fontana es uno de esos músicos esenciales, y que como toda esencia, es fundamental pero imperceptible. Es de esos músicos que estuvieron (y están) donde las cosas importantes suceden pero que prefieren pasar desapercibidos. Acompañó con sus teclas y climas a Pedro Aznar y Nito Mestre, fue parte de Spinetta Jade y luego acompañó a Luis Alberto Spinetta hasta mediados de los 90. Recién en 1998 grabó Ciruelo, su primer disco solista y en 2005 su segundo y último, Cribas. Cuenta con infinita cantidad de colaboraciones con variedad de músicos y bandas. Recuerdo que la primera vez que escuché su nombre fue en el año 2003, cuando al finalizar la versión de 15-5 de Divididos que se publicó en Vivo acá, Ricardo Mollo tan solo dice su nombre como agradecimiento.

El viernes 30 de septiembre ambos van a presentar “Parte” en la sala del Centro Cultural Caras y Caretas en la Ciudad de Buenos Aires.

Durante la mayor parte de la historia de la humanidad no se accedía a la música más que cuando esta sucedía. Y no solo eso, la música era una experiencia únicamente colectiva. No había ejecutores y espectadores, ni aparato alguno para escuchar música en casa. Todo el grupo de personas presente era parte activa del hecho creativo porque la música cumplía una función social comunitaria. A partir de la era moderna, el eje musical se centró en el virtuosismo individual (ya sea de una persona o un grupo) por sobre la vivencia mutua y participativa. Así aparecieron los espectáculos musicales con escenarios y butacas.

Todos concebimos como “natural” las formas actuales de la música, aunque no siempre hayan sido así. Sin embargo hay músicos que parecen naturalmente concentrados en el rescate de la música como una expresión colectiva, y nos transmiten las formas actuales de esa búsqueda, incluyendo genuinamente elementos de su entorno en sus creaciones. Dándonos la posibilidad de encontrar en el acto creativo colectivo, un acercamiento a las raíces ancestrales de la vivencia musical.

Existe mucha música de ambos en la web y podemos escucharla en diversidad de momentos y lugares, pero nada podrá compararse con ser parte de ese momento único en el que la música simplemente nos sucede.

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Selfie

Varias veces se han enojado conmigo por la negativa a aparecer en fotos. A veces casi como un capricho obsesivo. Raro esto (o quizás no) siendo que como decía, la fotografía siempre ha sido parte importante de mi vida. Supongo que habrá alguna razón en esa negación general, que se agrava mucho más si se trata de esa “nueva” categoría llamada selfie.

En términos generales el espíritu de la fotografía reside en perpetuar un momento de nuestra visión. Dejar retratado de modo permanente algo que vemos en un instante.

Y precisamente, casi lo único que escapa a la posibilidad de esa perpetuidad es la visión de uno mismo, porque no estamos dentro de nuestro campo visual. Se sabe que la práctica de sacarse autofotos es una novedad a medias, existen múltiples ejemplos de esta práctica en la historia de la fotografía. Lo realmente nuevo fue su veloz masividad. A tal punto que recién a principios del siglo XXI se le que dar un nombre específico.

La popularidad de la selfie no resulta rara para los tiempos que corren. Pero ¿dónde reside el sentido de fotografiar lo que ya todos ven? Contradictoriamente con esto, la popularidad de la selfie, parece una especie de grito desesperado lanzado al mar de las redes sociales que reza: “aquí estoy, soy lo que no puedo ver, mirenmé”. Y más aun, si nos detenemos a mirar la escena típica del acto de sacar la foto de uno mismo, y volvemos a pensar en el espíritu de la esencia fotográfica, resulta que la selfie es la foto de lo que nadie ve. Nadie del otro lado de la cámara. Nadie mirando por la mirilla (o por la pantalla).

Pareciera que se ha trasladado esa necesidad, casi artística, de fijar (compartir) lo que vemos, a una necesidad simplemente egoísta, de compartirse a uno mismo. Ya no importa lo que vemos, sino que nos vean.

Si nos ponemos a mirar con detenimiento este fenómeno encuentra sus razones en variedad de procesos sociales. Por ejemplo, la popularidad en la década del 90 de los videos musicales, como forma masiva de difusión de la música, fue en algún punto, un interesante antecedente de la selfie. Vemos miles de videos de miles de músicos que necesitan ser vistos, en vez de compartir su mirada.

Pero como siempre, toda regla nos regala su excepción. Y aquí, nos gusta compartir las excepciones.

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Costo

Hace algunos meses el caso de los aumentos de tarifas de los servicios públicos es casi un tema obligado en todos lo ámbitos sociales. Independientemente de las idas y vueltas sobre tarifas y medidas judiciales, facturas y herencias hay un aspecto del tema que genera amplio consenso social y sobre el cual poco se puede problematizar: las tarifas deben aumentar.

¿Por qué deben aumentar? “Porque no es posible que en la Ciudad de Bs As y el conurbano bonaerense se pague tan poco por el consumo de la energía eléctrica, el gas natural o el servicio de agua”, nos dicen.

Solo para ejemplificar, tomemos el caso de la energía eléctrica, dada su particularidad. A diferencia de otras formas de energía no renovable, en el caso de la “luz”, no se paga el consumo de esa energía sino el costo de mantener el sistema de generación y distribución. Si se pudiera construir el circuito que mantuviera la energía eléctrica circulando sin desgaste, nunca se agotaría. Como que esto no es posible, y tampoco se puede almacenar de manera eficiente, la energía eléctrica, dada su naturaleza circula permanentemente.

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No saber

No recuerdo quien me dijo una vez que “no saber, es no esperar“. Así de seco. Me quedé esperando algo más pero la frase termina ahí. Luego me quedé pensando en mis ideas sobre la palabra saber y la palabra esperar, y me costaba que fueran tan cercanas como para que la negación de ambas sea equivalente. Claro, porque si “no saber, es no esperar“, entonces “saber es esperar“.

En general las personas que escuchan música en momentos determinados del día saben perfectamente que quieren escuchar. Luego hay otro grupo de personas, una franca minoría, que parecen elegir no saber, tratando de esperar algo nuevo cada día.

Sea como sea, a todos nos ha pasado no poder encontrar el sonido que, sin saber, estamos esperando.

Un claro ejemplo de una cultura que ha emparentado el saber y la espera es la cultura japonesa. No es de extrañar entonces que ellos hayan podido encontrar ese disco que sirve exactamente para cuando no sabemos qué escuchar.

Un disco para todos esos momentos en los que no se sabe bien qué esperar.

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Tapar

De un tiempo a esta parte varios músicos reconocidos, sobre todo del mundo del rock, se han visto involucrados en denuncias o declaraciones sobre el rol que le asignan a las mujeres en su vida de estrellas. Hacen falta muchas más que estas líneas para concluir por qué, después de tanto tiempo de vida musical, ahora esto toma estado público tan rápidamente.

Pero una de las razones fundamentales es que tanto las víctimas de abuso, como las personas que presencian dichos discriminatorios, violentos y misóginos hacia la figura de la mujer, han comenzado a abandonar el silencio y a compartir públicamente sus relatos.

¿Qué ha cambiado? Hasta no hace mucho, para que algo sea “público” necesitaba si o si pasar por los grandes medios de comunicación. Lo que allí no se publicaba, no existía. Y si tenemos en cuenta que las estrellas de la música son parte de un fenomenal negocio, y que estas “cosas” dañan fuertemente la imagen de quienes facturan (o facturaban) miles de millones para grandes compañías, es obvio que a muchos interesados en el negocio les parezca que son temas que deben ser tapados.

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Completar

Sigo pensando en que, tan importante como la música, son las historias que la rodean. Esas que forman parte de sus razones más profundas. Todas esas motivaciones, que se presentan como las fuentes que convierten sonidos en canciones. A veces escucho una canción y cuando no tengo idea de esas fuentes juego a imaginarlas. La escucho una y otra vez e intento armar posibles explicaciones que la completen.

Y ahora pienso que a una canción jamás le falta algo. Siempre le sobran cosas, esas cosas de las que no estamos enterados y que solo conoce quien la crea. Salvo, como en este caso, que el músico decide contárnoslas.

Al mismo tiempo, como si se tratase de una hermosa paradoja, en ocasiones una canción o un disco viene a llenar un vacío imprevisto. Porque a la vida, a diferencia de las canciones, casi siempre le falta algo.

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Dueños

Uno de los mayores logros de la cultura en la que vivimos es el de habernos convencido que podemos ser dueños de algunas cosas que nunca tuvieron dueños.

Descartemos las cosas materiales, primer escalón de esa magnífica victoria. Es casi una verdad irrefutable que las cosas para existir como tales deben tener un dueño, pero realmente llamativo es que nos hayan convencido que las ideas pueden tener dueños.

Cualquier fulano puede arrogarse la propiedad individual y egoista de algo que se le ocurre. De algo que hace. De algo que piensa.

Semejante arrogancia no tiene antecedentes en la historia humana. Para que esto ocurra hemos desandado un largo camino en muy poco tiempo.

¿Cómo concebir y defender la propiedad individual de una creación cuando es el fruto de la vida en sociedad?

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Todo por una taza

Amanda me dijo que ese dibujo no le gusta porque a ella no le gusta la tristeza. Ese dibujo está en la taza en la que toma su té de manzanilla. Le conté que esa ilustración es la tapa de un hermoso disco, un disco hecho en momentos tristes. Me preguntó un disco de quien. Le dije que la banda se llama Almendra y fue la primer banda que formó Spinetta. Me dijo que Zamba conoció a Spinetta.

Efectivamente, Zamba y Spinetta se conocieron, en ese pequeño encuentro donde Luis le muestra todo lo que trae en su mochila.

Me gusta pensar que esa mochila es la misma mochila de esta historia:

“La CGT se fracturó en marzo de 1968. En una reunión del Comité Central Confederal, eligió a Raimundo Ongaro como Secretario General. Se convirtió en el líder de la CGT de los Argentinos (CGTA). Vandor, que desconoció la elección, formó la CGT Azopardo.