Ahogo

Siempre supe que somos pocos los que podemos experimentar esta sensación. No nos convierte en especiales, solo tenemos una perspectiva que los demás no perciben. Y un amigo poco común. No lo motiva la ausencia, su presencia es incontrastable, sino algo todavía más lapidario: lo desconocido impide el ingreso a ese lugar vital.

Es la imagen del desesperado tratando de penetrar la columna humana en sentido contrario, es la imposibilidad de perforar la coraza del peregrino, son los sonidos que no dejan de ser escuchados, un imposible temporario.

Y contra todo pronóstico, casi no existe sorpresa, tenemos una relación de periodicidad asombrosa, nos esperamos mutuamente y sellamos un acuerdo hace años, mi sensación y yo, casi no podemos sobrevivir sin vernos al menos dos veces al año, quizás tres si es extremadamente necesario.

Porque, ante todo, sabemos que carecemos de infinitud, comenzamos y aceptamos el fin, siempre como regreso y nunca con recetas mágicas. Es la mismísima inmovilidad la que se presenta y obliga a la perplejidad, no hay más alternativa que la propia contemplación sucesiva. En el pecho solo entran espasmos o los intentos de abatir un ejército a soplidos.

Porque, el ahogo, es la imposibilidad de transitar por esos lugares tan comunes, que todos olvidan que pueden ser obstruidos sin un remedio más efectivo que la espera.

 

Verdad

“Es que nada parece ser
un inmenso lugar
hoy todo se resume a
que nada es igual”
Lu Martínez – La Verdad

Quizás sea la imprescindible necesidad de encontrar, aún sin construirlo, ese lugar, donde todo es tan distinto, que la verdad arrecia. Había que prepararse.

No esperaba volverte a ver, nos habíamos despedido ya, para siempre. Cuando se vuelve por los mismos caminos hay pocas chances que el paisaje se vea diferente, aunque siempre alguien puede convencernos de ser otra persona, y ver las imágenes con otros ojos.

Cuando entraste intenté correrme, pero la sensación era aplastante, no había formas posibles de caminar en otro sentido, aunque lo pensáramos, ambos sabíamos que las probabilidades no nos ayudaban.

Existe un misterio inigualable a la hora de discernir cuanta proporción de deseo puede identificarse en hechos tan aislados, en sucesos que escapan en los bordes y ahí se quedan. Y aquí no hay complicidad posible, la realidad es abrumadora, aunque se nos revele solo al pensarla.

Y así sucedió, coincidimos en el tiempo menos pensado, sin esperanzas de que eso nos llevara juntos al destino. La muerte, la esperanza y yo sobrevivimos a los avatares de esa noche, más oscura y menos tranquila que de costumbre.

Padecemos un especie de acostumbramiento a ver los sucesos del pasado con cierta ternura, que no hace más que esconder la profunda vergüenza de los actos sin ninguna explicación, sobre todo cuando ya no se sabe justificar lo recurrente.

Y así descansamos, hasta el final, sin perturbar el irremediable devenir de las costumbres, solo nos reímos cuando recordamos juntos esa frase, que alguna vez nos dijo esa señora paqueta con cara de cubana que jugaba a entender los problemas ajenos y las demencias propias: “nadie escapa a la rutina”

 

Allá ella que nunca podrá escapar de nosotros.

Desvarío

“Es que nada parece ser
un inmenso lugar
hoy todo se resume a
que nada es igual”
Lu Martínez – La Verdad

El intercambio epistolar sobrevive al desvarío del instantáneo.

ni del patrón de los instantes nos pueden quedar espacios de tinta legibles.

Han terminado, todos ellos, por aplastarnos con la distracción, con sus voces imperfectas.

Podemos oírlos aunque no nos crean, podemos seguirlos, aunque nunca modificar su destino.

Entonces escribimos una hora, para que todo se mueva y perdure a los latidos, a los medidos y a los que adornan.

Depositamos en la superficie de la hora partes del deber y acomodamos afuera del sobre,

solo lo que deseamos que se vea.

Y este es el momento, en el que ya no importa la trascendencia, sino lo simple de viajar.

Mitad

Si la mitad de tu vida fue otra,

si lo real no fuera el invento cotidiano,

si dejaras ese miedo subterráneo

y callaras a los ruidos,

quizás tu muerte

terminaría hoy.

Y las risas ya no llamarían

a la atención,

ni lastimarían

los sentidos.

Reino

Cumplió en derramar la pared. Era una noche cualquiera, pensaba sin parar en como conquistar los reinos de colores.

Había pedido una recompensa que no podía guardar, pensó que siempre esperaría por ese momento. Varias veces lo habían convencido sobre lo inconveniente de los pedidos. Despertó preparado para soltar los globos sin mendigar.

Pero no había más espacio, los límites habían marcado su presencia, varios corrían por doquier y ante la calma divina, se conformó con dividir en miradas.

Almas

Donde las heridas cobran vida, las almas revisan sin par un espacio dedicado a la ficción, abordan las miserias impuestas y caminan sin rencor ni sospecha.
Comen para descubrir que nada ha cambiado, no intentan mirarse, porque las lagrimas arruinarían lo poco que les queda.

Sin saberlo van descalzas, pisando lo último en respirar. Sospechan que pueden convertirse en esperas interminables y se saben solas.

Se van, para volver y empezar a acostumbrarse sin morir en angustia. No son solo una, pueden.

Imposible

“El pensamiento contiene la posibilidad del estado de cosas que piensa. Lo que es pensable también es posible.”
Ludwig Wittgenstein (1918), Tractatus Logico-Philosophicus.
Lo imposible también está solo, en el acto del pensar. Y se desprende cuando ningún otro asoma. Hay un lugar secreto donde recurrimos, y lo imposible se hace presente.
Ayer escuché remar a ese conductor a punto de apartarse y suponía el fin de sus destinos posibles. Miró a quién le hablaba, pero solo pudo consolarlo cuando se bajó.
Los viajes aún poseen esa magia del discurso, se presenta desde el frente al fondo sin que ningún intermediario pueda detectar donde está esa sombra.
Y de nuevo, solo existe la posibilidad, en la maquinaria despiadada, lo imposible amenaza desde el pensamiento y se cierne por demás.
Ante la pregunta: la respuesta,
y ante el camino,
los lazos son mentiras.

Amarillo

“…quiero tener al menos un recuerdo
palpable de mis años mas felices
cuando todo era azul
cuando todo era incierto”
AmarilloJuanito El Cantor
 

Era el color

lo innombrable,

el desafío permanente.

Aparecía

en los lugares más difusos

y se intentaba callar.

El amarillo,

es esa sombra que gira,

tras los pasos,

nos recubre

y adelanta,

para caer,

para estirarse.

Es el color más escuchado,

los grandes lo cantan,

el que más habla

el que menos dice.

Si se suben sobre él,

verán la cuerda

desde adentro,

y el temblor dolerá menos.

Una flor y una piel,

amarilla la costumbre.

Y cuando lo sueltes

varias tramas se mirarán,

no lo sueltes,

no lo mires.

Tu palidez será palabra y el humor amargo ya será presente, no lo pintes.

 

Ciudad

No me molesta la ciudad
me molesta morir.

Ni el ruido
puede calmarme.

Y no son los mismos
sino el revés.

De viaje
y ella así.

Ni los cruces son ciertos
o mirar.

¿Ayer entró el sol?

Caen y los autos, arrasan
o las monas que se sueltan.

En viaje
y el ritmo te destruye.